“Serás una bendición”

“Serás una bendición”

Reflexión no.2 del tiempo Ordinario. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

Hermanos y hermanas, a través de las Sagradas Escrituras descubrimos de qué manera Dios llama a los hombres a cosas extraordinarias que nunca nos hubiésemos imaginado. Vemos de qué manera estos personajes de la Biblia, sin comprender, llenos de confusión e incertidumbre, deciden obedecer a esa voz que les llama. Hoy también su voz sigue resonando en nuestro interior para dejar atrás lo conocido y aventurarnos a lo desconocido, dejándonos como promesa bendiciones grandes que solo Él puede regalarnos. ¿Y tú, te atreverías a esta gran aventura de fe?

Yahvé dijo a Abraham: “Sal de tu tierra y de tu familia, abandona la casa de tu padre y anda a la tierra que yo te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré y haré grande tu nombre, y serás una bendición” (Gn 12, 1-2). A este llamado, Abraham responde de inmediato, sin ver con claridad; cuándo, cómo, dónde, y sin tener a nadie más que dé por hecho lo que pasará de ahí en adelante. Lo único que lo sostiene es que, si Dios le ha hecho esta promesa, la cumplirá porque Él no falla.

Sal de tu tierra. ¿De dónde tengo que salir? ¿Qué es lo que debo abandonar? Salir de tu vida cómoda, sal de tus propias ideas, abandona tus vicios, deja tus viejas costumbres, deja tus prejuicios, limitaciones, sal de tus seguridades, tus miedos, tu pasado. Sal de ti mismo y abandónate en las manos de tu Dios.

Marchó Abraham, tal como se lo había dicho Yahvé, y se fue con él Lot su sobrino. Abraham tenía 75 años cuando salió de Jarán (Gn 12,4). Padre de la fe, así lo reconoce la Iglesia: hombre obediente, valiente, generoso, lleno de confianza en el Señor, pero también con miedo e incertidumbre. No dudó, aceptó el plan de Dios en su vida, porque nuestra vida siempre estará en constante cambio. Cuando todo parece estar de lo más feliz y cómodo, Dios quiere sacarnos de esa seguridad de vida para llevarnos a una distinta y mejor.

Que nuestra fe sea ciega, dócil, abandonada y confiada, que solamente se fíe de aquel que nos llama a algo mejor. Cuando nos abramos a Dios y a su voluntad, descubriremos que sus caminos son senderos rectos y seguros. Son pequeños pasos que acrecientan nuestra fe en el Señor y nos llevan de bendición en bendición. No sabemos lo que nos espera cuando hacemos caso a la voz del Señor, pero todo lo que venga de Él siempre será algo muy bueno, en beneficio de nuestra felicidad.

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