En la madrugada del sábado 13 de junio, en La Habana, a la edad de 73 años, partió a la casa del Padre, Monseñor Silvano Herminio Pedroso Montalvo, Obispo de Guantánamo-Baracoa.
Con profundo amor y en la más serena paz, compartimos la despedida terrenal de un hombre que supo reflejar la ternura de Dios en cada gesto. Con la esperanza firme de la vida eterna, su misa y responso se celebraron en la acogedora Parroquia Santa Catalina de Siena.
La ceremonia fue presidida con espiritual cercanía por Mons. Eloy Ricardo, y copresidida por el querido Cardenal Juan de la Caridad, junto a Mons. Antoine Camilleri, Mons. Matjas Router, Mons. Juanin, Mons. Arturo, así como otros sacerdotes y diáconos que acompañaron con su oración y cariño.
En el momento de la Paz, Mons. Eloy compartió palabras que quedaron en el corazón: “Era un hombre afable y amable, te decía las cosas con mucho amor”. Y con una suave invitación a seguir el camino del bien, añadió: “Sé tú y busca la paz de Dios”.
Terminada la misa, entre cantos que elevaban el alma, el clero y los laicos caminaron en procesión junto al ataúd hacia la casa del Señor. Recorrieron con devoción toda la calle 25, hasta integrarse al sagrado suelo del Cementerio de Colón. Al llegar a la capilla, se elevó una oración y se impartió la bendición final, en un último acto de entrega y confianza. Luego, con paso suave y respetuoso, lo acompañaron hasta donde descansan sus restos mortales en paz.




A través de Vida Cristiana conocimos su biografía eclesial:
«Había nacido en Cárdenas, diócesis de Matanzas, el 25 de abril de 1953, y fue bautizado en 1961, en un hogar marcado por el diálogo: su padre, Silvano, médico de profesión, era católico, y su madre, Catalina, bautista. Junto a su abuela materna, ambos sembraron en él, desde la niñez, el amor a Dios.
Antes de seguir el camino del sacerdocio se licenció en Geografía por la Universidad de La Habana y ejerció esa profesión en el Instituto de Planificación Física de Las Tunas, entre 1979 y 1982, hasta que en 1987 ingresó en el Seminario Mayor Teológico de San Carlos y San Ambrosio, en la capital. Recibió el diaconado el 9 de enero de 1995 y, ese mismo año, el 12 de junio, fue ordenado presbítero por el cardenal Jaime Lucas Ortega y Alamino en la catedral habanera, incardinándose en la entonces arquidiócesis de San Cristóbal de La Habana.
Su ministerio sacerdotal lo llevó a numerosas comunidades de la arquidiócesis: sirvió como párroco en Quivicán, Bejucal, Melena del Sur y Güines, fue responsable diocesano de pastoral vocacional y dirigió la Casa Sacerdotal de San Juan María Vianney; desde 2013 era párroco de Nuestra Señora del Pilar, cargo que ocupaba cuando el papa Francisco lo designó obispo de Guantánamo-Baracoa, nombramiento que la Santa Sede hizo público el 29 de marzo de 2018.
Recibió la ordenación episcopal el 27 de mayo de ese año en la catedral de San Cristóbal de La Habana y el 9 de junio tomó posesión de la diócesis en la catedral de Santa Catalina de Ricci, en Guantánamo, como tercer obispo de aquella sede oriental, erigida tras el anuncio del Papa Juan Pablo II durante su visita a la Isla en 1998. Tomó como lema una frase del Evangelio de San Juan, «Ámense como yo les he amado» (Jn 13, 34), y quienes lo conocieron destacaron siempre su cercanía, su humildad y su capacidad de llegar a todos.
La enfermedad que lo llevó a la casa del Padre se manifestó en febrero de 2026, durante una visita a Roma, donde los estudios realizados en el Hospital Gemelli revelaron un mal oncológico. Regresó a La Habana el 3 de junio y quedó al cuidado de las Hijas de la Caridad, en cuya enfermería, contigua al Hospital Hermanos Ameijeiras, entregó su vida a Dios.
En este mes dedicado al Sagrado Corazón, la Iglesia lo encomienda con una plegaria:
Sagrado Corazón de Jesús, fuente de misericordia y de vida, recibe en tu seno a tu siervo, el obispo Silvano, que durante treinta y un años sirvió a tu Iglesia en el sacerdocio y apacentó con amor al pueblo de Guantánamo-Baracoa.
Concédele el descanso eterno y haz brillar para él la luz que no conoce ocaso. Que quien hizo del mandamiento nuevo su lema contemple ahora tu rostro y descanse en tu paz.
Amén.


