Bajar a lo profundo del corazón a veces puede darnos miedo, porque en él también hay heridas. No tengan miedo de cuidarlo, déjense ayudar, porque precisamente de esas heridas surgirá la capacidad de estar cerca de los que sufren. Sin la vida interior, no es posible tampoco la vida espiritual, porque Dios nos habla precisamente ahí. Dios nos habla en el corazón, tenemos que saber escucharlo.