La Iglesia impulsada por el Espíritu Santo

La Iglesia impulsada por el Espíritu Santo

Reflexión No.2 para este tiempo de Pascua. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

El libro de los Hechos de los Apóstoles, que encontramos después de los cuatro evangelios, nos narra no un hecho histórico del pasado, sino una parte importante de la continuidad del evangelio de Jesús. Por eso todos los bautizados, que ya formamos parte del cuerpo místico de la Iglesia (cf. 1 Corintios 12, 13a: «Efectivamente, todos nosotros hemos sido bautizados en un único Espíritu para ser un único cuerpo»), de la cual Cristo es la cabeza, debemos proyectarnos y tenerla como modelo a seguir, guiándonos y siendo más semejantes a la Iglesia que Él estableció desde el principio, caminando impulsados por la gracia y el poder del Espíritu Santo. Todo lo que presenta Hechos de los Apóstoles es fruto de la acción del Espíritu Santo, quien es el protagonista del libro. Él es el prometido del Padre:

(Hechos 1,4-5) «Un día estaba comiendo con ellos y les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino que esperaran la promesa del Padre, de la cual me oyeron hablar; porque Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados en el Espíritu Santo dentro de pocos días».

Después de la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, se les apareció a sus discípulos durante 40 días antes de ascender al cielo. En ese tiempo se mostró mediante prodigios, les habló del reino de Dios y les dejó la orden de permanecer en Jerusalén hasta que recibieran el Espíritu Santo. Actualmente la Iglesia permanece unida, meditando la pasión, muerte y resurrección de nuestro Salvador, que es el centro de la predicación del Evangelio. Pero ¿cómo permanecer? Necesitamos el impulso del Espíritu Santo, que es el motor, guía, luz, paráclito, defensor, santificador, abogado de las almas.

Y como le preguntaron a Pedro en Hechos 2,37b: «Hermanos, ¿qué debemos hacer?», Pedro respondió: «Conviértanse y bautícense cada uno en el nombre del Señor Jesús, para el perdón de sus pecados, y así sea concedido el don del Espíritu Santo». Nosotros, que ya hemos recibido este sacramento, estamos llamados a renovar las promesas bautismales a través de los sacramentos: la confesión, la Eucaristía y la oración en comunidad. Que este tiempo de Pascua sea un momento de renovación camino a Pentecostés, que inflama los corazones en llamas de amor que no se consumen.

Si deseas mantener un tono más literal o conservar algunos elementos estilísticos originales, puedo ajustar la revisión. En general, los cambios mejoran la claridad y corrigen errores gramaticales sin alterar el mensaje.

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