Primeros cristianos “y quedaron llenos del Espíritu Santo”

Primeros cristianos “y quedaron llenos del Espíritu Santo”

Reflexión No.3 para este tiempo de Pascua. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

La promesa del Padre y del Hijo hacia su pueblo siguió vigente después de la muerte de Jesucristo. Jesús anuncia varias veces en sus predicaciones la llegada del “Defensor”. Lo podemos ver en el evangelio de Juan (14, 16-17):

“Yo rogaré al Padre y les daré otro Paráclito para que esté con ustedes para siempre: el Espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes lo conocen porque permanece con ustedes y estará en ustedes.”

Cuando el Espíritu de Dios profundiza en el corazón humano y este lo acepta sin dejar que se apague, entonces da sus dones. Esos dones pueden llegar a sorprendernos, capaces de llevarnos a dar lo mejor de nosotros mismos y a la plenitud del Amor.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles (2, 1-4) leemos:

“Cuando llegó el día de Pentecostés, todos estaban reunidos en un mismo lugar. Y de pronto vino del cielo un ruido como el de una fuerte corriente de viento, y llenó toda la casa donde estaban. Se les aparecieron lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. Todos quedaron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse.”

Los primeros cristianos estaban reunidos, listos para su partida, para ir a evangelizar. Fue su amor y su experiencia con Jesús quienes los llevaron hasta aquel momento en que llegó el Espíritu Santo.

Un hombre sin el Espíritu no se mueve, no da fruto. Una Iglesia sin el Espíritu queda paralizada. Así, en el proyecto divino de Dios, el Espíritu Santo toma un papel importante: mueve e impulsa a todo cristiano bautizado a salir y dar testimonio al mundo entero de la resurrección de Jesús. Es el Espíritu Santo quien nos hace salir de nuestra zona de confort, de nuestro caparazón, de esa burbuja en la que hemos encontrado comodidad. Nos lleva a dar lo que no pensábamos que teníamos.

Para el cristiano es importante tener en cuenta que es el Espíritu quien hace efecto en él. El miedo queda en segundo término, paralizado. Somos seres humanos débiles e imperfectos, igual que los primeros cristianos. Pero ellos se dejaron moldear y llevar por la acción vivificadora del Espíritu Santo en sus vidas, lo que los llevó a dar hasta su propia vida.

Ahora, impulsados por ese mismo Espíritu, demos testimonio, aun a pesar de las dificultades, tormentas, problemas e incluso las habladurías de los demás. Nada debe limitarnos a llevar el mensaje con fuego misionero.

Pero ¿hacia dónde me impulsa el Espíritu para dar testimonio? En mi casa, en mi familia, en el trabajo, en el matrimonio, caminando por la calle, en el transporte, en la iglesia.

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