“Hombres nuevos”

“Hombres nuevos”

Reflexión No.4 para este tiempo de Pascua. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

Queridos hermanos:

Sabemos que nuestro Señor Jesucristo ya ha vencido la muerte y que todos nosotros somos llamados a una vida nueva. Es posible que, como creyentes, se nos cuestione sobre la “espera” de la segunda venida de Jesús, que es cuando se manifestará en todos nosotros la gloria reservada para los que hayan creído en el Evangelio.

Han pasado cerca de dos mil años desde el glorioso evento de la Resurrección de Jesucristo, el primer hombre en regresar de la muerte, no para una vida corruptible, sino para una vida de inmortalidad, abundancia y plena felicidad.

Esta espera tiene su propósito. En el orden de la justicia, el ser humano tiene que hacer algo para hacer suya la redención. A Jesús le preguntaron: «¿Qué debemos hacer para realizar las obras de Dios?» (Jn 6, 28). Él respondió: «Que crean en aquel que Él ha enviado» (Jn 6, 29). Sobre esto, San Pablo nos dice: «Pero ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Y cómo escucharán si no hay quien les anuncie?» (Rm 10, 14).

Si lo que me hace justo ante Dios es la fe, es claro que necesito a alguien que me anuncie el mensaje. Jesús aseguró: «Quien los escucha, me escucha; quien los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza a mí, rechaza al que me envió» (Lc 10, 16).

Mucho más podríamos decir al respecto, pero lo importante es llegar a lo que leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles, capítulo 3: aparecen hombres nuevos: los apóstoles. Renovados por la acción del Espíritu Santo, saben que son portadores de un tesoro incalculable: el Evangelio. Lo resumen una y otra vez así:

«Jesús de Nazaret, a quien los hombres rechazaron, entregaron, maltrataron y mataron, Dios lo resucitó y lo estableció como juez y redentor. Conviértanse y crean en Él.»

Dios no tarda, sino que muestra su generosidad y grandeza. Muchos son los llamados a la vida, y a la vida en abundancia. Al correr de estos últimos tiempos, va aumentando el número de los llamados. Dios tiene mucha vida que dar, tiene mucho amor que ofrecer. Él aseguró que la descendencia de Abraham sería tan grande como las estrellas y las arenas del mar.

Mientras estemos en esta espera, renovémonos en el Espíritu Santo para ser realmente hombres nuevos: que vivan el Evangelio y lo comuniquen con valor y alegría, para que muchos conozcan, amen y sirvan al Señor.

Bendiciones.

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