¿Cómo voy a hacer tal maldad y pecar contra Dios?

¿Cómo voy a hacer tal maldad y pecar contra Dios?

Reflexión no.5 del tiempo Ordinario. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

Hermanos, una de las historias más conocidas del Antiguo Testamento es la de José Soñador. Es el undécimo hijo de Israel (Jacob), muy querido por su padre, ya que era un hijo atento, cariñoso y cercano a él. La Palabra dice que Israel “le hizo una túnica con mangas amplias” (Gn 37, 3b). Las vestiduras en las Sagradas Escrituras refieren dignidad y también son signo de redención (cuando Adán y Eva pecaron y vieron la desnudez de su miseria: “Yahvé Dios hizo para el hombre y para la mujer unos vestidos de piel y los cubrió con ellos” Gn 3, 21).

José fue odiado por sus hermanos, repudiado, burlado. Ellos querían matarlo, pero por intervención de Rubén no lo hicieron, pero sí lo vendieron como vil esclavo a los madianitas: “Y sucedió que, cuando José llegó con sus hermanos, le quitaron la túnica con mangas que llevaba puesta, lo tomaron y lo arrojaron al pozo, el cual no tenía agua. Y cuando pasaron los comerciantes madianitas, sacaron a José del pozo y lo vendieron a los ismaelitas, los cuales se lo llevaron a Egipto; lo compró un egipcio, Potifar, ministro y jefe de la guardia de Faraón” (Gn 37, 23-24.28; 39, 1). ¿Estos pasajes les recuerdan algo? Así es, a nuestro Señor Jesucristo, que fue despojado de sus vestiduras, completamente desnudo para ser crucificado y entregarse por nosotros; despreciado por sus propios hermanos.

¿Qué pasó con José en Egipto? “Yahvé estaba con José, y lo hizo próspero, se fue a casa de su amo egipcio. Su amo vio que Yahvé estaba con él, y que todo cuanto hacía Yahvé lo hacía prosperar en sus manos. Después la esposa de Potifar puso sus ojos en José, le dijo: «Acuéstate conmigo». José se negó y dijo a la esposa de su amo: «Mira, mi amo me tiene confianza, pues puso en mis manos toda su casa y todo lo que posee. No hay nadie más grande que yo en esta casa, y no me ha retenido nada más que a ti, porque eres su esposa. ¿Cómo voy a hacer tan gran maldad y pecar contra Dios?»” (Gn 39, 2-3.7-9). Esto que acabamos de ver en José es lo que llamamos Temor de Dios, un don del Espíritu Santo que nos hace actuar en toda circunstancia conforme a la voluntad de Dios y por amor a Él. Así, Cristo, nuestro Señor, “…aunque era Hijo, aprendió, por lo que padeció, a obedecer. Con esto, obtuvo la perfección y llegó a ser para todos los que le obedecen, fuente de salvación eterna” (Hb 5, 8-9).

José sufrió otras cosas, pero siempre se mantuvo íntegro, obediente y confiado en Dios. Así que un buen día obtuvo su libertad y no solo eso, sino que fue elevado al puesto de gobernador de Egipto. Porque el que es fiel a Dios jamás será defraudado: “«¿Acaso encontraremos un hombre como éste que tenga el espíritu de Dios?». Y Faraón dijo a José: «Ya que Dios te ha hecho saber esto, no hay hombre más sabio y prudente que tú. Tú estarás al frente de mi casa y de tu boca dependerá todo mi pueblo; solamente yo seré más grande que tú». Además dijo Faraón a José: «Mira, te pongo al frente de toda la tierra de Egipto». Entonces Faraón tomó de su mano el anillo para sellar y lo puso en la mano de José; además lo vistió con ropas de lino y le colocó una cadena de oro al cuello” (Gn 41, 38-42).

Confiemos en la ley de Dios, decidamos siempre actuar conforme a sus criterios. Aunque parezca que todo va mal y que la maldad triunfa, nuestro Dios va con nosotros. Sabe cómo bendecirnos; si somos pacientes, recibiremos, a su debido tiempo, el premio prometido.

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