San Pablo nos enseña en su primera Carta a los Corintios que, si lo que hacemos carece de amor, no somos más que “metal que resuena o címbalo que retiñe”.
La mañana de este sábado 27 de diciembre estuvo colmada de amor, expresado en gestos concretos hacia una parte de nuestra población más vulnerable.
Como cada año, la Comunidad de San Egidio convocó a la Cena de Navidad que ofrece a los más necesitados. En esta ocasión, el grupo de jóvenes de la Catedral —que cada mes reparte comida por las calles de la ciudad— junto con otras personas de nuestra comunidad, se unieron a esta hermosa tradición para ofrecer su tiempo y su esfuerzo, haciendo posible que, al menos por unas horas, estas personas fueran tratadas con la dignidad que merecen.
Damos infinitas gracias a todos los que respondieron a nuestro llamado a través de las redes sociales y colaboraron, directa o indirectamente. Muchos se acercaron a compartir desde lo que tenían —y tanto necesitan— en gestos concretos de amor y solidaridad. Estos gestos nos permiten avivar la esperanza de que, aun en medio de las carencias y en los momentos más difíciles, el corazón se ensancha y sabemos actuar como hermanos.
Fue una experiencia maravillosa, y me atrevo a decir que tal vez lo fue aún más para quienes servimos que para los propios destinatarios de la jornada.
Gracias, Señor, por hacerte presente en esos rostros, y por permitirnos llevar la alegría de tu Nacimiento a quienes más lo necesitan.






