La Santidad vence

La Santidad vence

Queridos hermanos:

Este fin de semana celebraremos dos grandes cosas: el 1 de noviembre, día de Todos los Santos, y el 2 de noviembre, día de los Fieles Difuntos.

Dios nos ha revelado que su Iglesia, que es el conjunto de todos los llamados y congregados en su Nombre y a través de nuestro Señor Jesucristo, está en tres estados.

La Iglesia peregrina o militante somos todos los fieles que aún estamos en este mundo, conociendo a Dios a través de las Sagradas Escrituras, confirmando nuestra fe por medio de los Sacramentos y aguardando nuestro primer llamado ante nuestro Justo Juez. Estamos en este mundo cumpliendo un servicio militar, como dijo San Agustín, trabajando para dilatar el Reino de Dios: «…lo que hago es esforzarme por alcanzar lo que está delante, para llegar a la meta y ganar el premio celestial que Dios nos llama a recibir por medio de Cristo Jesús» (Flp 3,13-14).

También está la Iglesia purgante, donde están todos los que después de su muerte y su juicio particular lograron ser parte de los salvados, pero que aún requieren purificar sus vestidos: «Dichosos los que lavaron sus ropas para tener derecho al árbol de la vida y poder entrar por las puertas de la ciudad» (Ap 22,14). Una forma de ayudarlos a salir del purgatorio es orar por ellos. Esta es la razón por la que la Iglesia no se olvida de ellos y en este día todos los de la Iglesia militante (nosotros) pedimos por ellos, ¡por TODOS! Oremos por todos nuestros abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc.

Y está la Iglesia triunfante, los que ya sabemos están en el Reino de los Cielos. Algunos están canonizados, es decir, la Iglesia nos los ha declarado santos tras una investigación y por manifestaciones de Dios a través de milagros. Pero también hay muchos otros que son santos; como es complicado conocer el nombre de todos ellos (no todos están canonizados), la Iglesia celebra el 1 de noviembre a todos ellos, cuyos nombres solo Dios conoce: «Fueron salvados de entre los hombres como primera ofrenda para Dios y para el Cordero. No se encontró ninguna mentira en sus labios, pues son intachables» (Ap 14,4b-5).

Estas fiestas nos recuerdan estas verdades: todos experimentaremos la muerte, el juicio y, después de este, la Salvación o la Condenación eterna.

Vivamos no con miedo, sino con un santo temor de Dios. No olvidemos a nuestros fieles difuntos que están en el purgatorio y celebremos a los que nos enseñaron a través de su vida de virtud que ¡la Santidad vence!

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