“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”

“Vayan y hagan discípulos a todos los pueblos”

Reflexión No.5 para este tiempo de Pascua. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

Queridos hermanos, entendemos que los designios de Dios “son para el bien de quienes lo aman” (Rm 8,28). Cada situación o evento significativo en la vida del hombre es para un propósito, y este a su vez es llamado de ese propósito a anunciar con viva voz la experiencia hecha en Dios. El envío de Jesús hacia nosotros es una riqueza muy grande. Quien la encuentra tiene asegurada la vida eterna. Así, recordamos que cuando Jesús estuvo entre sus apóstoles después de la resurrección, fue para alentarlos, animarlos y confiar en su poder, y hacerles ver que no estarían solos.

(Mt 28,16-20) “Los once discípulos fueron a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Al verlo, lo adoraron; algunos, sin embargo, dudaron. Jesús se les acercó y les dijo: ‘Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a observar todo cuanto les he mandado. Yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin de los tiempos”.

El ser humano, cuando ha encontrado al que es la vida eterna y cumple sus mandamientos, obedece y es fiel a las Escrituras; no tiene miedo, no desconfía de su amor, de su misericordia, de su perdón, y se arroja a los pies del Maestro. Aunque también sabemos que el mal busca alejarnos del Creador y evitará a toda costa alejarnos de su amor. Tal es su atrocidad que observamos a aquellos que se muestran dudosos de si es el Hijo de Dios, pensando si realmente existirá la vida eterna. Queridos hermanos, estemos alerta, pongamos nuestro corazón al servicio del Señor. Seamos esos hombres que han encontrado la verdad y buscan llevarla a todos los rincones de la tierra. Seamos discípulos fieles a pesar de la debilidad humana. ¡No saldremos defraudados! ¡Si estamos con Dios, quién contra nosotros? Seamos pacientes en su venida. ¡No estamos solos!

Así como Jesús asciende a los cielos y bendijo a sus apóstoles antes de irse (Lc 24, 50-51): “Luego Jesús los llevó hasta cerca de Betania y, levantando sus manos, los bendijo. Y mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo”. Así también el Señor nos acompaña y nos invita a estar en una vida junto a él. Nos mostró cuánto nos ama y lo sigue haciendo, y no se cansa de llamarnos.

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