“Hemos visto al Señor”

“Hemos visto al Señor”

Reflexión No.1 para este tiempo de Pascua. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

Queridos hermanos, ¡qué alegría! ¡Nuestro Señor ha resucitado! Es conveniente aclarar que la resurrección supone la vida y salud del hombre íntegro, esto es, su cuerpo, alma y espíritu.

Las Sagradas Escrituras nos confirman, en varios pasajes, que varios discípulos de Jesús anunciaban que habían visto al Señor después de que había sido muerto y sepultado (C.f. Jn 20,18). Ciertamente esto es difícil de creer: “Pero a los apóstoles les pareció una locura lo que ellas decían, y no querían creerles” (Lc 24, 11). Por eso es necesario la experiencia real de Aquel que vive: “Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio lo que había pasado, y creyó. Porque todavía no habían entendido lo que dice la Escritura, que él tenía que resucitar” (Jn 20, 8-9).

¿Qué es lo que vieron estos testigos? A Jesús vivo después de que había muerto, y en su total integridad de ser humano: “¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo” (Lc 24, 38b-39).

Es por esto que la resurrección de Jesús es la esperanza del cristiano, y en ella tiene principal fundamento nuestra fe, ya que sin la resurrección vana sería, como nos lo confirma San Pablo en sus cartas. Grande es el proyecto de Dios para con los hombres; son misterios que rebasan toda capacidad humana de entender. Por eso la fe nos auxilia para alcanzar lo que la razón no puede.

“La palabra está cerca de ti, en tu boca y en tu corazón. Esta palabra es el mensaje de fe que predicamos. Si con tu boca reconoces a Jesús como Señor, y con tu corazón crees que Dios lo resucitó de entre los muertos alcanzarás la salvación” (Rm 10, 8-9).

Sabemos que la palabra es Cristo, y él nos dijo que el Pan Eucarístico es su cuerpo y su sangre, la presencia real y verdadera de Jesús resucitado (bajo la apariencia de pan), de tal manera que al comulgarlo nos hacemos uno con Aquel que vive, con el que venció la muerte.

“En Cristo, en su cuerpo glorificado, habita toda la plenitud de la deidad; e incorporados a él, alcanzáis también vosotros esa plenitud en él. Con Cristo fuisteis sepultados en el bautismo, y con él resucitasteis mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos” (Col 2, 9-10a.12).

Pidamos a Dios la fe necesaria para ver a su Hijo Jesucristo y así poder creer y alcanzar todos los dones y gracias que él nos trae.

¡Felices Pascuas!

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