“Haremos todo lo que el Señor ha ordenado”

“Haremos todo lo que el Señor ha ordenado”

Reflexión No.5 para este tiempo de Cuaresma. Por: Servidoras de la Palabra (misión en la parroquia Jesús Nazareno)

Qué trascendente puede llegar a ser la respuesta del ser humano al encontrarse con su Dios que lo ha sacado de las tinieblas del pecado; una respuesta sincera, honesta y fiel que lo mueva a hacer grandes cosas. Así lo vemos con la respuesta del pueblo de Israel:

    “Ustedes han visto lo que yo hice con los egipcios, y cómo los he traído a ustedes a donde yo estoy, como si vinieran sobre las alas de un águila. Así que, si ustedes me obedecen en todo y cumplen mi alianza, serán mi pueblo preferido entre todos los pueblos, pues toda la tierra me pertenece. Ustedes me serán un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a mí. Diles todo esto a los israelitas.” Moisés fue y llamó a los ancianos del pueblo, y les expuso todo lo que el Señor le había ordenado. Entonces los israelitas contestaron a una voz: “Haremos todo lo que el Señor ha ordenado.” (Ex 19, 4-8)

Finalmente, el Señor, en todo el resplandor y amor que tiene hacia su pueblo escogido, lo sella con una alianza de ternura. Dios busca un encuentro profundo que lleve al hombre a una alianza definitiva con él, donde le hará ver las maravillas de lo que puede ser capaz el hombre cuando camina al lado de su único Dios, tomándolo de la mano.

La respuesta del pueblo debe ser más que un simple agradecimiento, sino una entrega total de nuestro ser, ya que él nos formó y, sobre todo, nos amó primero.

    “Dios habló, y dijo todas estas palabras: ‘Yo soy el Señor tu Dios, que te sacó de Egipto, donde eras esclavo. No tengas otros dioses aparte de mí. No te hagas ningún ídolo ni figura de lo que hay arriba en el cielo, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en el mar debajo de la tierra. No te inclines delante de ellos ni les rindas culto, porque yo soy el Señor tu Dios.’” (Ex 20, 1-5)

Habiendo hecho un pacto de amor: ¿qué más dioses queremos tener, cuando hemos obtenido la salvación y el perdón de los pecados por aquel único Dios que nos creó? Sin duda, hoy muchos hemos caído en tener otros dioses: el dios del dinero, hemos caído en las supersticiones, amuletos, figuras que otorgan protección, en los signos zodiacales, la hechicería; hemos puesto como prioridad incluso al mismo hombre antes que Dios. Así le pasó al pueblo de Israel:

    “Entonces Moisés se dispuso a bajar del monte, trayendo en sus manos las dos tablas de la ley, cuando Josué escuchó los gritos de la gente, le dijo a Moisés: ‘Se oyen gritos de guerra en el campamento.’ Pero Moisés contestó: ‘No son cantos alegres de victoria, ni son cantos tristes de derrota; son otros cantos los que escucho.’ En cuanto Moisés se acercó al campamento y vio el becerro y los bailes, ardió de enojo y arrojó de sus manos las tablas, haciéndolas pedazos al pie del monte. En seguida agarró el becerro y lo arrojó al fuego.” (Ex 32, 15-24)

Un pueblo que cae en la desesperación; esto llega a alejarnos de la alianza que Dios hizo con nosotros. Al no ver una respuesta de Dios ante nuestras necesidades, optamos por la salida fácil: lo que el mundo nos ofrece, el conformismo, el placer, el dinero fácil, los amuletos que dan suerte y ayudan a una supuesta abundancia mejor. Sin duda, podemos hablar de más casos, pero con ello, a pesar de nuestra infidelidad, encontramos a aquel Dios que se mantiene fiel. ¿A dónde hemos de ir, sino es a él?

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